sábado, mayo 15, 2021
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‘Cien años de soledad: una caravana de historias’. Primera jornada.

La pasada primavera se cumplían 50 años de la primera edición de la que seguramente sea la novela más bella del siglo XX: Cien años de soledad. Como homenaje, nuestra editorial ha coorganizado, junto con la Fundación Obra Social La Caixa y la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), el curso de verano ‘Cien años de soledad: una caravana de historias’ en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid.

Este miércoles 6 hemos tenido la primera jornada del curso, con invitados excelentes llegados desde el otro lado del Atlántico, desde las tierras de Gabo, para hablar de la faceta artística y de la trascendencia literaria universal de la novela más leída del autor colombiano.

Intervinieron primero los dos directores del curso: Jaime Abello, director de la FNPI y amigo personal de García Márquez; y el periodista Antonio Rubio. Explicaron al púbico -personas de todas las edades con un rasgo en común: estar enamorados de Cien años de soledad– la importancia de seguir reivindicando, 50 años después, los valores literarios de esta novela. Abello, además, recordó sus amistad con Gabo, sus encuentros, el germen de la FNPI que nació como una fundación dedicada a preservar los valores periodísticos y literarios de los que Gabo fue maestro.

Se unió a la mesa Ariel Castillo, escritor y experto en la obra de García Márquez. Señaló, para comenzar, la importancia que Cien años de soledad otorgó a la región del Caribe, más marginal a mediados del siglo XX en el panorama de las letras. Los años 60 fueron una década gloriosa para las letras latinoamericanas. Nombres como Borges, Carpentier, Fuentes, Cortázar, Vargas Llosa… y, por supuesto, el propio García Márquez. Con nombres como estos, los académicos literarios empezaron a prestar atención a los autores locales de América Latina, ensombrecidos por las producciones norteamericana y europeas.

Ariel Castillo, Jaime Abello y Antonio Rubio (de izq. a cha.)

¿Por qué Cien años de soledad sigue tan vivo y fascinando a tantos lectores 50 años después? Ha sobrevivido magníficamente al paso de los tiempos, igual que sobrevive al paso de los años de cada uno de sus lectores. Cada nueva vez que se aborda la novela, se descubren cosas nuevas. Existe una gran devoción, casi un culto, en torno a esta novela. Ariel Castillo recordaba una anécdota: “Cuando se publicó la segunda edición de Cien años de soledad, una ‘e’ aparecía del revés, y todo el mundo se volvió loco, especulando y recurriendo al esoterismo, para tratar de averiguar qué significaba aquello”.

Ariel Castillo también lanzó una pregunta al público: ¿era Gabriel García Márquez un escritor clásico? Mientras que los demás autores del boom creaban obras de vanguardia, aun siendo Gabo considerado un tarnsgresor del lenguaje -por ejemplo, con los tiempos verbales-, publicó una novela con personajes “clásicos” estructurada en inicio, nudo y desenlace.

Antonio Rubio y Xavi Ayén (de izq. a dcha.)

Sobre el grupo de escritores del boom latinoamericano pocos saben más que el periodista y escritor Xavi Ayén, autor del libro Aquellos años del boom (RBA, 2014). Para él, la generación del boom ha sido el último “ismo” de la historia de la literatura: después de ellos, no ha habido ningún otro grupo de escritores con conciencia de grupo, que trabajasen juntos, fuesen amigos y vecinos, y cuyas obras presentasen continuidad y características tan comunes. En su ponencia, Ayén recordó también cómo aquellos autores que no lograron formar parte del boom, quizá resentidos, se referían a ellos como una mafia encerrada en sí misma.

Y si hay una figura que merece ser rescatada de aquellos años es Carmen Balcells, la agente literaria artífice del boom. Barcelona fue la ciudad de todos ellos. Aunque no hayas plazas ni placas que los recuerden -algo impensable e injusto-, todos juntos convirtieron la ciudad catalana en capital mundial de la literatura. Balcells firmaba contratos en servilletas con sus autores, peleaba con todas sus fuerzas por sus derechos, se aseguró de que tuviesen la estabilidad económica necesaria como para dedicarse únicamente a escribir… Como una madre para todos ellos, unos hijos resplandecientes que los fines de semana salían juntos de excursión con sus familias. A pesar de que hubiese rencillas entre ellos, como ese ojo morado que Vargas Llosa le dejó a Gabo… y cuyo secreto estará guardado para siempre.

Por la tarde, se juntaron en una mesa redonda distintas voces de ámbitos tan dispares como el periodismo, la literatura y la medicina.

La periodista Karina Sainz recordó los años que García Márquez pasó en su ciudad natal, Caracas. Haciendo memoria de algunos pasajes, para ella merece la pena destacar la importancia que las vivencias personales de Gabo tuvieron en Cien años de soledad. “En los diálogos de sus personajes están todas las cosas que él escuchaba de niño”. Al fin y al cabo, cuando se publicó la novela, García Márquez era un autor con cuatro libros publicados y muchas experiencias vividas. De cada una de ellas supo extraer la belleza oportuna para plasmar en su literatura.

Hablando de vivencias en primera persona, el escritor Daniel Samper señaló la importancia de la cotidianeidad en Cien años de soledad. De Barranquilla Gabo sacó la fascinación por la música vallenata y el machismo de sus calles, que supo plasmar en las páginas de su novela bajo el paraguas de la protección matriarcal que representa el personaje de Úrsula.

Juan Valentín, otro de los ponentes, ha realizado una tesis doctoral sobre la Medicina en la obra de Gabriel García Márquez, desde las actividades de homeopatía del padre del autor, hasta los doctores que protagonizan algunas de sus novelas. Y añadió, sobre su lectura personal de Cien años de soledad: “Todos nosotros hemos sentido mariposas amarillas en el estómago. Todos nosotros nos hemos sentido marcados por una cruz de ceniza”.

Para concluir, el poeta y periodista Antonio Lucas señaló la importancia que las lecturas poéticas más tempranas de Gabriel García Márquez tuvieron en su obra: “Gabo fue un mal escritor de poesía, pero un magnífico lector”. Uno de los autores que más le influyó fue Lope de Vega. En este punto, Jaime Abello se unió a la conversación para recordar un viaje que compartió con Gabo en el que le preguntó: “¿qué hace falta para ser un buen periodista?”. Y el autor de Cien años de soledad le contestó: “leer poesía”.

Sobre la faceta de periodista de Gabriel García Márquez hablaremos en la jornada de mañana, jueves 6, de nuevo en la sede de la calle Quintana, 21.

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ASÍ HA SIDO EL CURSO

‘Cien años de soledad: una caravana de historias’

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